En la economía las cosas normalmente no son lo que parecen. A veces se toma una acción equivocada y da la impresión que esta no implica ninguna consecuencia negativa, pues sus efectos no son visibles hasta que no han transcurrido varios años. Asimismo en ocasiones se emprende un acción acertada pero como sus efectos positivos tardan años en mostrarse plenamente, puede parecer que fue una mala idea y abandonarla al poco tiempo.
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| Bruegel |
Ciegos siguiendo a otros ciegos
Esta es precisamente lo que los populistas del mundo utilizan para convencer a sus seguidores que hacer algo económicamente suicida es una buena idea, y puesto que a corto plazo sus ideologizados seguidores no observan ningún efecto negativo, estos se reafirman en la pretendida sabiduría de su gran líder (el populista sin vergüenza). Dos de esas acciones que parecen positivas pero que terminan produciendo graves trastornos a las vidas de quien se supone que quieren ayudar son las políticas de control de precios, y también el establecimiento de un salario mínimo, los cuales a la hora de la verdad vienen a ser lo mismo, fijación de precios. A muy corto plazo parece que son positivas, pero como el mundo siempre esta en movimiento, poco a poco la economía se reajusta a la nueva situación, resultando que empiezan a escasear eso que se deseaba ya sean productos muy baratos o empleos mejor pagados.
El salario mínimo... buena intención, pero mala idea
El salario mínimo no obliga al empresario a pagar un salario mas alto a todos los que eran sus empleados. Solo le obliga a pagar un mayor sueldo a aquellos empleados que el empresario decida mantener en plantilla. A los que este decide despedir debido a un incremento del salario mínimo, no tendrá que pagarles nada, pues habrán perdido su empleo. El salario mínimo condena al paro a aquellos trabajadores cuya productividad sea inferior a lo que hay que pagarles por ley. Es por esto que aunque parezca que un salario mínimo sea una buena idea, en realidad no lo es.

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