Si usted piensa que el poder adquisitivo se puede mejorar con un buen saco lleno de billetes de 500€, significa que su forma de ver la economía todavía tiene posibilidad de mejorarse mucho. Pues ya en el año 1803 Jean-Baptiste Say le hubiese explicado que no puede haber demanda sin oferta.
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| © Steven Damron |
Pagamos con lo que producimos
Para entender porque esto es así, debemos empezar con un mercado de trueque, donde lo que compramos lo tenemos que pagar con lo que producimos. Para obtener algo hay que dar algo a cambio. Si no producimos nada, pues nadie querrá cambiar nada con nosotros, puesto que no tenemos nada que ofrecer.
Comprando de fiado, diciendo que produciremos después
Otra forma de comprar, es en vez de pagar con algo que hayamos producido, prometer que en un futuro pagaremos con algo que mas adelante produciremos. Para ello firmaremos un contrato que para hacerlo simple es un papel que diga que representa un valor equivalente a lo que hemos comprado y que en una fecha futura el comprador producirá un valor equivalente para pagar lo prometido.
El dinero fiduciario, funciona como deuda
Eso es precisamente lo que hacemos cuando pagamos con dinero fiduciario, el cual es dinero como Euros, Dolares, etc. Se le llama fiduciario pues está basado en la fe, ya que estas divisas no están respaldadas por nada tangible, solo la fe es lo que las respalda. Si alguien le paga con esa moneda-deuda, usted la acepta porque espera que en un futuro otro acepte saldar dicha deuda, dándole algo a cambio del valor representado en el billete.
Comprar si pagar, recibir sin producir
Si en un mercado de trueque muchos compran, pero nadie produce para pagar lo comprado, solo utilizan como pago contratos de deuda o dinero-deuda. Pronto ese mercado se quedará sin productos que ofrecer. En realidad es la producción la que hace posible que exista ese mercado, por lo que sin oferta, no es posible que exista demanda, pues no hay nada que demandar.
Lo que dijo SAY, es lo siguiente...
Un producto terminado ofrece, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos por todo el monto de su valor. En efecto, cuando un productor termina un producto, su mayor deseo es venderlo, para que el valor de dicho producto no permanezca improductivo en sus manos. Pero no está menos apresurado por deshacerse del dinero que le provee su venta, para que el valor del dinero tampoco quede improductivo. Ahora bien, no podemos deshacernos del dinero más que motivados por el deseo de comprar un producto cualquiera. Vemos entonces que el simple hecho de la formación de un producto abre, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos.









